Estoy cansado de lo que la gente llama “lo que viene”

Quiero suponer que no estoy solo en el repudio infantil y casi instantáneo hacia lo que la gente y los medios llaman “lo que viene”. No estoy de acuerdo en que mis hábitos sociales y de consumo los dicte un grupo de supuestos cool hunters que se encargan de pronosticar tendencias. De hecho, estoy convencido de que el solo hecho de asignarle la etiqueta de “lo que viene” a cualquier cosa –sea una banda indie o una nueva tecnología– es una manera de asegurar de que esa tendencia o persona, nunca va a despegar.

Lo cierto es que es muy común que lo que alguna vez se tachó como “lo que venía”, décadas después o ahora sólo años más tarde se encuentra en el panteón de conceptos que pasaron sin pena ni gloria. ¿Se acuerdan del Bíper? Analizándolo en perspectiva, uno se percata de que era de flojera –y enervante– la sola idea de hablarle a una operadora para que capturara un número y un mensaje para enviarlo a un amigo nuestro ¡y éste a su vez tuviera que usar su teléfono para respondernos! Fast-forward 2012. En esta época, desde hace ya cierto tiempo, lo que se nos ha vendido como “lo que viene” (y a lo cual yo no le auguro ningún futuro) son los Códigos QR. Sí, esos por ahora ubicuos cuadrados llenos de cuadritos blancos y negros que parecen pixeles reventados. Recientemente en un viaje que hice me sentí como personaje de película cómica con un mal sueño abrumador: Al bajar del avión noté que había un código QR en cada uno de los anuncios publicitarios a lo largo de los pasillos del aeropuerto, y luego al salir y tomar el taxi, mientras iba por la calle, todos y cada uno de los anuncios me invitaban a sacar mi celular y apuntar hacia ellos con la promesa de encontrar más información detrás de dichos códigos.

Al otro día, uno muy ocioso, me dediqué a usar la App de mi smartphone encargada a leer estos códigos para ver lo que me esperaba detrás de algunos que me llegara a topar en la calle. Para mi sorpresa, la ubicuidad de éstos llega a extremos realmente irrisorios. Me encontré algunos en espectaculares montados en edificios de 10 pisos, o en lugares dentro de estaciones del metro donde es prácticamente imposible acercar la cámara del teléfono. Y cuando llegué a hacerlo, algunas veces me llevaba a sitios de internet que usaban plataforma multimedia Flash, que, para quienes no lo sepan, es imposible leer en prácticamente cualquier dispositivo móvil.

Originalmente, no puedo negarlo, fueron un recurso ingenioso y práctico. Fueron el vástago del código de barras y la industria automotriz. Denso Wave, una subsidiaria de Toyota tuvo la idea. Su función original fue la de rastrear partes de coches en el trayecto de su línea de producción. No tardó mucho para que la industria de la publicidad entrara en acción. La idea era sencilla: estampar un código QR en tu anuncio para que cualquiera con un smartphone y cierto grado de curiosidad pudiera ser transportado de manera inmediata al sitio de internet del producto en cuestión, donde podría saber más sobre el mismo.

Quizá el concepto les haya sonado atractivo al grupo de ejecutivos y publicistas que lo analizaron en primera instancia, pero ¿qué nadie se puso a pensar por un segundo que también es un poquito ridículo? Lo que pretende un anuncio es vender una idea de manera inmediata, audaz, cautivante, ya sea a través de una imagen o un mensaje. ¿Quién en sus cinco sentidos tiene el tiempo –que yo me di en un día muy ocioso– de estar jugando con su celular indagando en páginas con contenido extenso o a veces nulo?

Estarán de acuerdo conmigo en que todo el concepto es una contradicción absoluta para lo que la industria publicitaria defiende. Para mi, y espero que para las masas, el código de cuadritos blancos y negros no es una clave para obtener más información, sino un garabato indescifrable. Además, homologa los espectaculares y demás anuncios. Los detesto. Y espero que ustedes no esperen que cosas así sean “lo que viene”, sino que las dejen pasar de largo y quizá en unos años las recuerden con la ternura que recuerdo yo aquél mamotreto llamado Bíper.

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Acerca de TheKewlGang

Profesional gestor de contenidos con más de 15 años de experiencia en medios. Siempre en busca de la reinvención y de diversas maneras de informar sobre lo que importa en el momento que importa.

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