Kill the messenger

Tiene literalmente años que no abro mi cuenta de Windows Live Messenger, y cuando lo llegué a usar fue más por la avasalladora popularidad que tuvo entre mis contactos, que por el placer de navegar por su interfase –siempre fui un tipo ICQ, y aún siento nostalgia por él.

En ICQ aprendí todas las abreviaturas y también todas las mañas que se empleaban en los chats previos a la era Facebook. A través de él tuve mi primera cita a ciegas de la era cibernética e incluso conocí a una ex-novia por ese medio –siempre quise sentir el rush de esa quimera. Cuando ya fue inevitable utilizar el programa de Microsoft, lo hice haciendo la cara que pone cualquier bebedor de Coca Cola cuando acepta una Pepsi en un restaurante donde no venden el casi ubicuo refresco de cola.

Si bien al principio fue un acto de rebeldía contra Bill Gates, lo cierto que nunca me sentí cómodo utilizándolo. Al provenir de Microsoft, que se especializaba en diseñar programas para Godínez, me parecía que al abrirlo estaba corriendo el sistema Windows en mi iMac y que quizá a través de la aplicación (antes llamados programas), pudiera adquirir un virus letal. Y no fue así, pero la única vez que sufrí un hackeo de cuenta, fue a través de ese programa.

Gracias a Dios, y por azares de la vida y de los firewalls que imponen las empresas, conocí otras aplicaciones que brindaban el servicio, y en esa búsqueda encontré Adium, cuyo icono del pato descansa desde entonces en la parte izquierda de mi Dock. Al incursionar en las redes sociales y en específico Facebook, al mismo tiempo que adopté Gmail, Windows Live Messenger para mi pasó no a un segundo, sino quizá a un vigésimo término.

No cuento con muchos contactos en Skype debido a  la posibilidad que brinda Gmail para videoconferencias, y ahora sus hangouts –y creo que así lo mantendré, pese que a esta nueva y briosa era de Microsoft lo respalde. Por todo esto es que no siento un duelo por el programa del icono azul de la cabeza redonda, ni siquiera como el que sentí cuando Capitol compró a Matador Records, o más recientemente, cuando el servicio de correo Sparrow fue comprado por el gigante Google.

Hoy abrí el messenger por mero ocio para darle una dulce despedida, y me di cuenta de que así deberíamos aceptar no solamente la desaparición de una aplicación, la finalización de un sitcom, o la culminación de una saga de cine, sino la muerte de un ser querido. Embrace that feeling.

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Acerca de TheKewlGang

Profesional gestor de contenidos con más de 15 años de experiencia en medios. Siempre en busca de la reinvención y de diversas maneras de informar sobre lo que importa en el momento que importa.

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